Villavicencio
Villavicencio ha sido uno de los principales escenarios de articulación y formación de la Escuela. Como ciudad receptora de víctimas del conflicto armado, se configura como un lugar donde convergen múltiples trayectorias de vida marcadas por el desplazamiento, pero también por la reconstrucción. Aquí coinciden organizaciones sociales, procesos comunitarios e instituciones que trabajan por la memoria, la verdad y la búsqueda de personas dadas por desaparecidas.
En este contexto, la ciudad no solo concentra cifras -como los registros del portal de datos de la UBPD, el Registro Único de Víctimas o el Registro Nacional de Desaparecidos de Medicina Legal-, sino también espacios vivos de memoria que dignifican a las víctimas y sostienen el recuerdo colectivo.
El Parque de la Memoria se erige como un lugar de recogimiento y reconocimiento, donde la ausencia se nombra y se hace visible. La Cruz de la Reconciliación, ubicada en el Parque Los Fundadores, fue concebida como un monumento para honrar a las víctimas del conflicto armado y adquirió un significado aún más profundo tras la visita del papa Francisco, consolidándose como un símbolo de duelo, perdón y esperanza compartida. Por su parte, el Parque de las Flores rinde homenaje a las víctimas de la Unión Patriótica (UP), recordando a través de sus elementos simbólicos cada vida arrebatada y convirtiéndose en un espacio que invita a la memoria activa y a la no repetición.
En Villavicencio, la Escuela ha encontrado un punto de encuentro clave para el diálogo y la creación. En la ciudad se han desarrollado espacios de planeación, formación técnica y ejercicios prácticos que han fortalecido las capacidades comunicativas de las y los participantes. Más allá del aprendizaje técnico, estos espacios han propiciado el intercambio de experiencias, la construcción de confianza y la posibilidad de narrar el territorio desde múltiples voces.
En este contexto, la ciudad no solo concentra cifras -como los registros del portal de datos de la UBPD, el Registro Único de Víctimas o el Registro Nacional de Desaparecidos de Medicina Legal-, sino también espacios vivos de memoria que dignifican a las víctimas y sostienen el recuerdo colectivo.
El Parque de la Memoria se erige como un lugar de recogimiento y reconocimiento, donde la ausencia se nombra y se hace visible. La Cruz de la Reconciliación, ubicada en el Parque Los Fundadores, fue concebida como un monumento para honrar a las víctimas del conflicto armado y adquirió un significado aún más profundo tras la visita del papa Francisco, consolidándose como un símbolo de duelo, perdón y esperanza compartida. Por su parte, el Parque de las Flores rinde homenaje a las víctimas de la Unión Patriótica (UP), recordando a través de sus elementos simbólicos cada vida arrebatada y convirtiéndose en un espacio que invita a la memoria activa y a la no repetición.
En Villavicencio, la Escuela ha encontrado un punto de encuentro clave para el diálogo y la creación. En la ciudad se han desarrollado espacios de planeación, formación técnica y ejercicios prácticos que han fortalecido las capacidades comunicativas de las y los participantes. Más allá del aprendizaje técnico, estos espacios han propiciado el intercambio de experiencias, la construcción de confianza y la posibilidad de narrar el territorio desde múltiples voces.
Encuentros realizados:
Mayo de 2025
Se llevó a cabo el primer espacio de articulación y creación, en el que comenzó a tomar forma la propuesta de la Escuela de Comunicación y Búsqueda. Este encuentro permitió reunir a organizaciones sociales, colectivos de comunicación y entidades vinculadas a la búsqueda, consolidando un escenario común para el diálogo y la construcción conjunta.
Durante la jornada, se propició un intercambio de experiencias en el que cada organización compartió el trabajo que viene desarrollando en sus territorios, generando un reconocimiento mutuo y sentando las bases para un proceso colaborativo.
Julio de 2025
El Festival Mosquetero como amplificador para la búsqueda
El Festival Mosquetero es un espacio de encuentro impulsado por El Cuarto Mosquetero, que reúne procesos comunitarios, jóvenes creadores y organizaciones sociales en torno a la comunicación popular. Más que un evento, es un lugar de diálogo e intercambio donde convergen el periodismo, la creación y el pensamiento crítico para visibilizar historias que nacen desde los territorios y cuestionan las narrativas dominantes.
A través de proyecciones, conversaciones y espacios formativos, el festival fortalece redes, impulsa nuevas voces y reafirma la comunicación como una herramienta para la memoria, la participación y la transformación social.
Fue en este escenario donde comenzaron a trazarse las bases del plan de trabajo de la Escuela de Comunicación Popular y Búsqueda. Allí se definieron acciones conjuntas y posibles productos comunicativos orientados a aportar a la búsqueda de personas desaparecidas, consolidando el festival como un punto de partida para la articulación entre distintos procesos.
Mayo de 2025
Se llevó a cabo el primer espacio de articulación y creación, en el que comenzó a tomar forma la propuesta de la Escuela de Comunicación y Búsqueda. Este encuentro permitió reunir a organizaciones sociales, colectivos de comunicación y entidades vinculadas a la búsqueda, consolidando un escenario común para el diálogo y la construcción conjunta.
Durante la jornada, se propició un intercambio de experiencias en el que cada organización compartió el trabajo que viene desarrollando en sus territorios, generando un reconocimiento mutuo y sentando las bases para un proceso colaborativo.
Julio de 2025
El Festival Mosquetero como amplificador para la búsqueda
El Festival Mosquetero es un espacio de encuentro impulsado por El Cuarto Mosquetero, que reúne procesos comunitarios, jóvenes creadores y organizaciones sociales en torno a la comunicación popular. Más que un evento, es un lugar de diálogo e intercambio donde convergen el periodismo, la creación y el pensamiento crítico para visibilizar historias que nacen desde los territorios y cuestionan las narrativas dominantes.
A través de proyecciones, conversaciones y espacios formativos, el festival fortalece redes, impulsa nuevas voces y reafirma la comunicación como una herramienta para la memoria, la participación y la transformación social.
Fue en este escenario donde comenzaron a trazarse las bases del plan de trabajo de la Escuela de Comunicación Popular y Búsqueda. Allí se definieron acciones conjuntas y posibles productos comunicativos orientados a aportar a la búsqueda de personas desaparecidas, consolidando el festival como un punto de partida para la articulación entre distintos procesos.
Además, durante el festival, la galería “El camino de la búsqueda” de la UBPD abrió un espacio para que las y los participantes se acercarán, desde la sensibilidad, a los procesos de búsqueda en Colombia. Más que una exposición, se convirtió en un momento de pausa y reflexión dentro del encuentro.
La galería pone en el centro las historias de las personas dadas por desaparecidas y de sus familias, proponiendo un recorrido que trasciende la información para conectar con la dimensión humana de la ausencia. A través de fotografías y relatos, reconstruye fragmentos de vida y trayectorias de búsqueda, recordando que detrás de cada caso hay vínculos, memorias y esperanzas que siguen presentes.
Durante el Festival Mosquetero, la UBPD también lideró el taller de pedagogías para la búsqueda desarrollado con la participación de firmantes de paz y campesinado de Meta y Guaviare e integrantes del semillero estudiantil Fénix del Instituto Técnico El Yopal de Casanare.
La galería pone en el centro las historias de las personas dadas por desaparecidas y de sus familias, proponiendo un recorrido que trasciende la información para conectar con la dimensión humana de la ausencia. A través de fotografías y relatos, reconstruye fragmentos de vida y trayectorias de búsqueda, recordando que detrás de cada caso hay vínculos, memorias y esperanzas que siguen presentes.
Durante el Festival Mosquetero, la UBPD también lideró el taller de pedagogías para la búsqueda desarrollado con la participación de firmantes de paz y campesinado de Meta y Guaviare e integrantes del semillero estudiantil Fénix del Instituto Técnico El Yopal de Casanare.
Además, durante el festival, la galería “El camino de la búsqueda” de la UBPD abrió un espacio para que las y los participantes se acercarán, desde la sensibilidad, a los procesos de búsqueda en Colombia. Más que una exposición, se convirtió en un momento de pausa y reflexión dentro del encuentro.
La galería pone en el centro las historias de las personas dadas por desaparecidas y de sus familias, proponiendo un recorrido que trasciende la información para conectar con la dimensión humana de la ausencia. A través de fotografías y relatos, reconstruye fragmentos de vida y trayectorias de búsqueda, recordando que detrás de cada caso hay vínculos, memorias y esperanzas que siguen presentes.
Durante el Festival Mosquetero, la UBPD también lideró el taller de pedagogías para la búsqueda desarrollado con la participación de firmantes de paz y campesinado de Meta y Guaviare e integrantes del semillero estudiantil Fénix del Instituto Técnico El Yopal de Casanare.
La galería pone en el centro las historias de las personas dadas por desaparecidas y de sus familias, proponiendo un recorrido que trasciende la información para conectar con la dimensión humana de la ausencia. A través de fotografías y relatos, reconstruye fragmentos de vida y trayectorias de búsqueda, recordando que detrás de cada caso hay vínculos, memorias y esperanzas que siguen presentes.
Durante el Festival Mosquetero, la UBPD también lideró el taller de pedagogías para la búsqueda desarrollado con la participación de firmantes de paz y campesinado de Meta y Guaviare e integrantes del semillero estudiantil Fénix del Instituto Técnico El Yopal de Casanare.

Desde abril de 2004, Paulina busca a su hija, María Cristina Cobo Mahecha, una enfermera que fue desaparecida en el Guaviare en medio del conflicto armado. Durante más de dos décadas, su búsqueda ha sido constante, marcada por recorridos, preguntas sin respuesta y una profunda resistencia frente a la ausencia.
En medio de ese dolor, Paulina encontró en el arte una forma de sostenerse y creó las “Cristinas del conflicto”, una serie de muñecas de trapo hechas a mano que representan a su hija y a muchas otras mujeres desaparecidas. Cada muñeca es un acto de memoria y dignificación, una manera de nombrarlas, de no olvidarlas y de seguir buscándolas. Así, entre hilos, telas y recuerdos, ha transformado su duelo en una voz que insiste, que denuncia y que sigue esperando encontrar a su hija.
En medio de ese dolor, Paulina encontró en el arte una forma de sostenerse y creó las “Cristinas del conflicto”, una serie de muñecas de trapo hechas a mano que representan a su hija y a muchas otras mujeres desaparecidas. Cada muñeca es un acto de memoria y dignificación, una manera de nombrarlas, de no olvidarlas y de seguir buscándolas. Así, entre hilos, telas y recuerdos, ha transformado su duelo en una voz que insiste, que denuncia y que sigue esperando encontrar a su hija.
Por su parte, desde hace más de una década, Amparo busca a su hija, Suly Flasmín Camelo Buzato, desaparecida el 18 de septiembre de 2012 en el Guaviare, cuando tenía ocho meses de embarazo. Desde entonces, su vida se transformó en una búsqueda constante, marcada por la necesidad de saber qué ocurrió y dónde está su hija. En ese camino, se vinculó a procesos organizativos y hoy hace parte de la Mesa Municipal de Participación Efectiva de Víctimas de Villavicencio, desde donde acompaña a otras familias y mantiene viva la exigencia de verdad y justicia.
Encontró en el arte una forma de resistir y de nombrar la ausencia. Hace parte del grupo de teatro Las Corocoras, integrado por mujeres buscadoras que llevan sus historias a escena, como, por ejemplo, con la obra “La vida de las ausencias”, donde el teatro se convierte en un acto de memoria y denuncia. En cada presentación, Amparo sube al escenario con el recuerdo de su hija, transformando su dolor en palabra, en cuerpo y en mensaje, invitando a no olvidar y a reconocer el profundo impacto que ha dejado la desaparición en tantas vidas.
Encontró en el arte una forma de resistir y de nombrar la ausencia. Hace parte del grupo de teatro Las Corocoras, integrado por mujeres buscadoras que llevan sus historias a escena, como, por ejemplo, con la obra “La vida de las ausencias”, donde el teatro se convierte en un acto de memoria y denuncia. En cada presentación, Amparo sube al escenario con el recuerdo de su hija, transformando su dolor en palabra, en cuerpo y en mensaje, invitando a no olvidar y a reconocer el profundo impacto que ha dejado la desaparición en tantas vidas.

Este encuentro incluyó una sesión formativa en la que las y los participantes se acercaron a conceptos básicos de fotografía como planos, ángulos y composición, con el acompañamiento de El Cuarto Mosquetero y el Festival Itinerante de Cine Comunitario Guejari. A la par, se desarrolló una jornada de sensibilización orientada por la UBPD, enfocada en la comunicación para la búsqueda, con el propósito de que lo visual fuera abordado desde una mirada empática, alejada del sensacionalismo y de prácticas revictimizantes.
Posteriormente, se llevó a cabo un ejercicio práctico en tres lugares emblemáticos para la dignificación de la memoria de las víctimas en la ciudad; el Parque de la Memoria, la Cruz de la Reconciliación y el Parque Flores a la Memoria.
Allí, las y los participantes pusieron en práctica lo aprendido, explorando formas de narrar desde la imagen con respeto, cuidado y conciencia del contexto. Estos espacios contaron con la presencia de personas víctimas que han reivindicado y resignificado estos lugares en Villavicencio, así como de jóvenes provenientes de distintos municipios del sur del Meta, integrantes de colectivos de comunicación.
A través de la fotografía y el lenguaje audiovisual, también se puede honrar y dignificar las memorias que habitan estos territorios.
Posteriormente, se llevó a cabo un ejercicio práctico en tres lugares emblemáticos para la dignificación de la memoria de las víctimas en la ciudad; el Parque de la Memoria, la Cruz de la Reconciliación y el Parque Flores a la Memoria.
Allí, las y los participantes pusieron en práctica lo aprendido, explorando formas de narrar desde la imagen con respeto, cuidado y conciencia del contexto. Estos espacios contaron con la presencia de personas víctimas que han reivindicado y resignificado estos lugares en Villavicencio, así como de jóvenes provenientes de distintos municipios del sur del Meta, integrantes de colectivos de comunicación.
A través de la fotografía y el lenguaje audiovisual, también se puede honrar y dignificar las memorias que habitan estos territorios.
En Colombia hay más de 124.734 personas dadas por desaparecidas en el marco del conflicto armado, y el departamento del Meta ha sido uno de los territorios más golpeados por esta realidad. Para organizar y orientar la búsqueda, la UBPD ha definido subregiones que permiten comprender mejor las dinámicas del territorio y focalizar las acciones.
En este sentido, subregiones como el Piedemonte (que incluye a Villavicencio) y el Duda-Guayabero concentran un alto número de casos. Estos territorios han vivido con especial intensidad los impactos del conflicto, con picos críticos de violencia entre 1992 y 1994 (23%) y entre 2001 y 2008 (27,2%).
Este cementerio alberga al menos 617 cuerpos no identificados o no entregados, convirtiéndose en un punto clave para la búsqueda en el departamento. Muchas personas desaparecidas llegaron a cementerios porque sus cuerpos fueron encontrados sin identificación o nunca reclamados por sus familias, o porque no fueron entregados y terminaron siendo inhumados por autoridades locales, en muchos casos con información incompleta.
A esto se sumó el desorden institucional propio del conflicto: cuerpos trasladados desde distintos lugares (hospitales, zonas rurales o escenarios de violencia) ingresaban sin una trazabilidad clara sobre su origen o ubicación exacta, con registros fragmentados o, en algunos casos, inexistentes. También se presentaron inhumaciones irregulares o sin control.
Las investigaciones de carácter humanitario y extrajudicial adelantadas por la UBPD han permitido establecer que el Cementerio Central de Villavicencio posee un alto potencial forense para la localización de personas desaparecidas en el contexto del conflicto armado, tanto en hechos ocurridos en el Meta como en departamentos cercanos. https://www.facebook.com/share/p/18HA2QEVBc/
Cada tumba, cada libro de registro y cada archivo puede ser clave para encontrar a alguien. Pero también son elementos frágiles que requieren protección: la falta de sistematización, el deterioro y el abandono pueden borrar información vital y cerrar caminos de búsqueda, así como procesos de alivio psicosocial para las familias.
Defender y cuidar este lugar es urgente. Reconocer su importancia implica no solo el compromiso de las instituciones, sino también de la ciudadanía. Acompañar su preservación es, en sí mismo, una forma de contribuir a la búsqueda.
Porque dignificar el territorio también es honrar las formas en que recordamos a quienes ya no están y acompañamos a quienes viven su ausencia.
En este sentido, subregiones como el Piedemonte (que incluye a Villavicencio) y el Duda-Guayabero concentran un alto número de casos. Estos territorios han vivido con especial intensidad los impactos del conflicto, con picos críticos de violencia entre 1992 y 1994 (23%) y entre 2001 y 2008 (27,2%).
Este cementerio alberga al menos 617 cuerpos no identificados o no entregados, convirtiéndose en un punto clave para la búsqueda en el departamento. Muchas personas desaparecidas llegaron a cementerios porque sus cuerpos fueron encontrados sin identificación o nunca reclamados por sus familias, o porque no fueron entregados y terminaron siendo inhumados por autoridades locales, en muchos casos con información incompleta.
A esto se sumó el desorden institucional propio del conflicto: cuerpos trasladados desde distintos lugares (hospitales, zonas rurales o escenarios de violencia) ingresaban sin una trazabilidad clara sobre su origen o ubicación exacta, con registros fragmentados o, en algunos casos, inexistentes. También se presentaron inhumaciones irregulares o sin control.
Las investigaciones de carácter humanitario y extrajudicial adelantadas por la UBPD han permitido establecer que el Cementerio Central de Villavicencio posee un alto potencial forense para la localización de personas desaparecidas en el contexto del conflicto armado, tanto en hechos ocurridos en el Meta como en departamentos cercanos. https://www.facebook.com/share/p/18HA2QEVBc/
Cada tumba, cada libro de registro y cada archivo puede ser clave para encontrar a alguien. Pero también son elementos frágiles que requieren protección: la falta de sistematización, el deterioro y el abandono pueden borrar información vital y cerrar caminos de búsqueda, así como procesos de alivio psicosocial para las familias.
Defender y cuidar este lugar es urgente. Reconocer su importancia implica no solo el compromiso de las instituciones, sino también de la ciudadanía. Acompañar su preservación es, en sí mismo, una forma de contribuir a la búsqueda.
Porque dignificar el territorio también es honrar las formas en que recordamos a quienes ya no están y acompañamos a quienes viven su ausencia.
Febrero de 2026
El rol de Medicina Legal en la búsqueda
El encuentro formativo incluyó una visita pedagógica al Instituto Nacional de Medicina Legal en Villavicencio, donde las y los participantes pudieron acercarse al trabajo forense y comprender su papel fundamental en los procesos de búsqueda de personas dadas por desaparecidas. Allí se explicó cómo, a través de la recolección, análisis e identificación de restos humanos —mediante herramientas como la antropología, la odontología y la genética forense—, se busca establecer la identidad de las personas y contribuir a su entrega digna a las familias. Este proceso no solo implica rigor científico, sino también un compromiso ético con la verdad y la dignificación de las víctimas.
Este espacio permitió reflexionar sobre lo que ocurre cuando la ciencia forense se encuentra con los procesos organizativos, los colectivos y las familias buscadoras. Más allá de los datos y los procedimientos técnicos, se hizo evidente la necesidad de humanizar estos procesos, de entender que cada hallazgo corresponde a una historia de vida, a una ausencia que ha sido buscada durante años.
Entre las principales lecciones aprendidas, se destacó la importancia de construir puentes entre el conocimiento técnico y las experiencias de las víctimas, reconociendo que la búsqueda no es solo un ejercicio científico, sino también profundamente humano. En ese cruce, la ciencia deja de ser distante y se convierte en una herramienta al servicio de la memoria, la verdad y la reparación.
La documentación como el primer paso hacia la búsqueda
Posteriormente, la UBPD, la COFB y el MOVICE – Capítulo Meta, lideraron un taller orientado a comprender cómo cada organización desarrolla sus procesos de documentación de casos para la búsqueda. A través de un ejercicio práctico, las y los participantes conocieron distintos enfoques, metodologías y herramientas utilizadas en el registro de información.
En cada grupo, una persona buscadora acompañó el proceso, compartiendo desde su experiencia el uso de los formatos y la importancia de recoger los datos con cuidado, precisión y sensibilidad. Este espacio permitió reconocer que detrás de cada formulario hay una historia que merece ser tratada con respeto, y que la documentación no es solo un requisito técnico, sino un paso fundamental en el camino hacia la verdad.
Documentar para darle voz a la ausencia
En Colombia, la documentación de casos de desaparición forzada no nació como trámite institucional. Inició como una forma artesanal de los familiares y organizaciones sociales para resistir el olvido de lo que se evitaba nombrar, y para darle voz a las millones de ausencias de los y las desaparecidas.
Años 70 y 80: negación y silencio
Las primeras desapariciones ocurrieron en un contexto donde el Estado Colombiano no reconocía plenamente el fenómeno. No existía el delito tipificado, ni sistemas de registro, ni rutas de búsqueda. En muchos casos, lo único que quedaba era lo que las víctimas mismas escribían: nombres, fechas, lugares, testimonios en sus cuadernos, en papeles.
En territorios como el Meta, documentar implicaba riesgo. La desaparición estaba ligada al control armado, la estigmatización y el miedo.
El rol de Medicina Legal en la búsqueda
El encuentro formativo incluyó una visita pedagógica al Instituto Nacional de Medicina Legal en Villavicencio, donde las y los participantes pudieron acercarse al trabajo forense y comprender su papel fundamental en los procesos de búsqueda de personas dadas por desaparecidas. Allí se explicó cómo, a través de la recolección, análisis e identificación de restos humanos —mediante herramientas como la antropología, la odontología y la genética forense—, se busca establecer la identidad de las personas y contribuir a su entrega digna a las familias. Este proceso no solo implica rigor científico, sino también un compromiso ético con la verdad y la dignificación de las víctimas.
Este espacio permitió reflexionar sobre lo que ocurre cuando la ciencia forense se encuentra con los procesos organizativos, los colectivos y las familias buscadoras. Más allá de los datos y los procedimientos técnicos, se hizo evidente la necesidad de humanizar estos procesos, de entender que cada hallazgo corresponde a una historia de vida, a una ausencia que ha sido buscada durante años.
Entre las principales lecciones aprendidas, se destacó la importancia de construir puentes entre el conocimiento técnico y las experiencias de las víctimas, reconociendo que la búsqueda no es solo un ejercicio científico, sino también profundamente humano. En ese cruce, la ciencia deja de ser distante y se convierte en una herramienta al servicio de la memoria, la verdad y la reparación.
La documentación como el primer paso hacia la búsqueda
Posteriormente, la UBPD, la COFB y el MOVICE – Capítulo Meta, lideraron un taller orientado a comprender cómo cada organización desarrolla sus procesos de documentación de casos para la búsqueda. A través de un ejercicio práctico, las y los participantes conocieron distintos enfoques, metodologías y herramientas utilizadas en el registro de información.
En cada grupo, una persona buscadora acompañó el proceso, compartiendo desde su experiencia el uso de los formatos y la importancia de recoger los datos con cuidado, precisión y sensibilidad. Este espacio permitió reconocer que detrás de cada formulario hay una historia que merece ser tratada con respeto, y que la documentación no es solo un requisito técnico, sino un paso fundamental en el camino hacia la verdad.
Documentar para darle voz a la ausencia
En Colombia, la documentación de casos de desaparición forzada no nació como trámite institucional. Inició como una forma artesanal de los familiares y organizaciones sociales para resistir el olvido de lo que se evitaba nombrar, y para darle voz a las millones de ausencias de los y las desaparecidas.
Años 70 y 80: negación y silencio
Las primeras desapariciones ocurrieron en un contexto donde el Estado Colombiano no reconocía plenamente el fenómeno. No existía el delito tipificado, ni sistemas de registro, ni rutas de búsqueda. En muchos casos, lo único que quedaba era lo que las víctimas mismas escribían: nombres, fechas, lugares, testimonios en sus cuadernos, en papeles.
En territorios como el Meta, documentar implicaba riesgo. La desaparición estaba ligada al control armado, la estigmatización y el miedo.
Documentar, en ese momento, era insistir en que el hecho había ocurrido
Años 90: la sociedad civil documenta
Ante la ausencia estatal, organizaciones sociales comenzaron a construir memoria y registro. Organizaciones como ASFADDES o MOVICE
impulsaron:
Ante la ausencia estatal, organizaciones sociales comenzaron a construir memoria y registro. Organizaciones como ASFADDES o MOVICE
impulsaron:
En regiones como el Meta, los cementerios municipales se convirtieron en archivos ocultos, y los sepultureros en portadores de información clave.
Antes de cualquier formato institucional, ya existía una documentación construida por las familias.
2000 a 2010: judicialización, registros y primeras rutas de identificación
Con el tiempo, el Estado empieza a incorporar la desaparición forzada en sus sistemas:
Antes de cualquier formato institucional, ya existía una documentación construida por las familias.
2000 a 2010: judicialización, registros y primeras rutas de identificación
Con el tiempo, el Estado empieza a incorporar la desaparición forzada en sus sistemas:
Y se fortalece el rol del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses en la identificación de cuerpos:
Aquí la documentación adquiere otra dimensión: no solo registrar el hecho, sino permitir identificar un cuerpo.
Sin embargo, este proceso también evidenció desafíos importantes: subregistro, información incompleta y errores que, en muchos casos, dificultaron o retrasaron la identificación. Un dato mal consignado podía significar una búsqueda que no avanzaba.
De la memoria al formato
En este proceso han surgido distintas formas de documentar, construidas desde experiencias, necesidades y contextos diversos. Por un lado, están los formatos impulsados por el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado, que integran memoria, denuncia y contexto político. Por otro, las herramientas desarrolladas por organizaciones como el Colectivo Sociojurídico Orlando Fals Borda, con un énfasis particular en la búsqueda y el acompañamiento territorial.
A la par, se han consolidado registros institucionales que incorporan variables técnicas necesarias para la identificación, como rasgos físicos, antecedentes médicos y la ubicación de los hallazgos.
Con el tiempo, los formatos han empezado a incluir detalles cada vez más precisos: características físicas, prendas, información odontológica y el lugar exacto de la desaparición o del hallazgo.
Así, poco a poco, el cuerpo ausente también comienza a ser pensado y reconstruido desde la documentación.
Una nueva etapa para la documentación en los procesos de búsqueda
Con la creación de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, la documentación entra en una nueva etapa, marcada por un enfoque humanitario que transforma la manera de registrar y comprender la información.
Hoy, documentar implica construir hipótesis de búsqueda, cruzar información social, institucional y forense, y articularse con entidades como el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses para avanzar en los procesos de identificación.
En este contexto, la documentación permite ubicar posibles lugares de búsqueda, conectar cuerpos no identificados con sus familias, reconstruir trayectorias de desaparición y trabajar de manera conjunta sobre la base de confianza y el esfuerzo sostenido de las organizaciones sociales que, incluso antes de los acuerdos de paz, ya venían documentando casos.
Porque muchos de los casos que hoy se buscan y de esos cuerpos que hoy se logran identificar, existen gracias a que alguien decidió documentarlos cuando nadie más lo hacía.
Sin embargo, este proceso también evidenció desafíos importantes: subregistro, información incompleta y errores que, en muchos casos, dificultaron o retrasaron la identificación. Un dato mal consignado podía significar una búsqueda que no avanzaba.
De la memoria al formato
En este proceso han surgido distintas formas de documentar, construidas desde experiencias, necesidades y contextos diversos. Por un lado, están los formatos impulsados por el Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado, que integran memoria, denuncia y contexto político. Por otro, las herramientas desarrolladas por organizaciones como el Colectivo Sociojurídico Orlando Fals Borda, con un énfasis particular en la búsqueda y el acompañamiento territorial.
A la par, se han consolidado registros institucionales que incorporan variables técnicas necesarias para la identificación, como rasgos físicos, antecedentes médicos y la ubicación de los hallazgos.
Con el tiempo, los formatos han empezado a incluir detalles cada vez más precisos: características físicas, prendas, información odontológica y el lugar exacto de la desaparición o del hallazgo.
Así, poco a poco, el cuerpo ausente también comienza a ser pensado y reconstruido desde la documentación.
Una nueva etapa para la documentación en los procesos de búsqueda
Con la creación de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, la documentación entra en una nueva etapa, marcada por un enfoque humanitario que transforma la manera de registrar y comprender la información.
Hoy, documentar implica construir hipótesis de búsqueda, cruzar información social, institucional y forense, y articularse con entidades como el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses para avanzar en los procesos de identificación.
En este contexto, la documentación permite ubicar posibles lugares de búsqueda, conectar cuerpos no identificados con sus familias, reconstruir trayectorias de desaparición y trabajar de manera conjunta sobre la base de confianza y el esfuerzo sostenido de las organizaciones sociales que, incluso antes de los acuerdos de paz, ya venían documentando casos.
Porque muchos de los casos que hoy se buscan y de esos cuerpos que hoy se logran identificar, existen gracias a que alguien decidió documentarlos cuando nadie más lo hacía.
Entender lenguajes digitales para amplificar el mensaje de la búsqueda
Durante la jornada también se desarrolló un taller de producción de reels, orientado por El Cuarto Mosquetero y el Festival Itinerante de Cine Comunitario Güejari. Este espacio retomó los conceptos técnicos de fotografía (como encuadre, planos y composición) y los trasladó al lenguaje audiovisual, permitiendo a las y los participantes explorar nuevas formas de narrar desde lo digital.
El taller estuvo enfocado en la creación de piezas breves que comunicaran los aprendizajes de la Escuela, así como en la apropiación de conceptos clave relacionados con la búsqueda, como la búsqueda inversa. Más allá de lo técnico, se promovió una mirada consciente sobre cómo contar estas historias en formatos digitales, apostando por contenidos claros, respetuosos y con sentido.
Así, el ejercicio no solo fortaleció habilidades narrativas, sino que también abrió posibilidades para que las y los participantes se reconozcan como creadores capaces de traducir procesos complejos en mensajes accesibles, sensibles y con impacto en sus comunidades.
Abril de 2026 Encuentro final
Espacio de cierre orientado a la construcción colectiva de una estrategia de comunicación, pensada como herramienta de sostenibilidad del proceso y como aporte a las acciones de búsqueda en el territorio.
El taller estuvo enfocado en la creación de piezas breves que comunicaran los aprendizajes de la Escuela, así como en la apropiación de conceptos clave relacionados con la búsqueda, como la búsqueda inversa. Más allá de lo técnico, se promovió una mirada consciente sobre cómo contar estas historias en formatos digitales, apostando por contenidos claros, respetuosos y con sentido.
Así, el ejercicio no solo fortaleció habilidades narrativas, sino que también abrió posibilidades para que las y los participantes se reconozcan como creadores capaces de traducir procesos complejos en mensajes accesibles, sensibles y con impacto en sus comunidades.
Abril de 2026 Encuentro final
Espacio de cierre orientado a la construcción colectiva de una estrategia de comunicación, pensada como herramienta de sostenibilidad del proceso y como aporte a las acciones de búsqueda en el territorio.

Co-creación: Festival Itinerante de Cine Comunitario Güejari, MOVICE Capítulo Meta, Colectivo Sociojuridico Orlando Fals Borda COFB, Radio Nacional, Henry Gustavo Bejarano y Gabriel Moreno
Créditos
Micrositio
Dirección: Yolima García / Edición: Lina Álvarez / Redacción e investigación: Shirley Forero, Yolima García, Jessica Barrero y Deisy Tividor / Diagramación web: Didier Álvarez
Fotografías y reels cocreados
Juliana Baquero – Doris Criollos – Paola Calle- Marina Sanmiguel – Dalia Castaño – Bayron Vargas – Ángel Rios – Breyson Garzón – Phill Anderson Rivera – Shirley Forero – Jorge Luis Sanchez – Bretzy Moreno – Bayron Vargas – Henry Gustavo Bejarano – Moises Meza – Gabriel Moreno – Andres Felipe Forero – Alejandro Uchima
Micrositio
Dirección: Yolima García / Edición: Lina Álvarez / Redacción e investigación: Shirley Forero, Yolima García, Jessica Barrero y Deisy Tividor / Diagramación web: Didier Álvarez
Fotografías y reels cocreados
Juliana Baquero – Doris Criollos – Paola Calle- Marina Sanmiguel – Dalia Castaño – Bayron Vargas – Ángel Rios – Breyson Garzón – Phill Anderson Rivera – Shirley Forero – Jorge Luis Sanchez – Bretzy Moreno – Bayron Vargas – Henry Gustavo Bejarano – Moises Meza – Gabriel Moreno – Andres Felipe Forero – Alejandro Uchima




























